martes, 10 de marzo de 2015

El drama de ser víctima de un abuso sexual.


Cada día hay al menos 2 agredidas en Bogotá. Este año la Policía ha capturado a 110 agresores.

En los 69 días que van del 2015, 103 personas han sido víctimas de abuso sexual. Entretanto, 110 depredadores sexuales fueron capturados en Bogotá.
Además de alarmantes, las cifras, si bien reflejan el número de denuncias que ha recibido la Policía Metropolitana de Bogotá y el trabajo que se ha puesto en marcha para combatir el delito, no se ajustan a las historias de la cotidianidad.

“Me cogió del brazo y me empujó. ‘Acurrúquese ahí y no haga bulla’. Sacó una ‘patecabra’ (navaja) y me amenazó”, recordó una víctima.

En cálculos de las autoridades, por cada mujer que se atreve a denunciar a su agresor, cuatro guardan silencio. No obstante, en los últimos días han salido a la luz relatos de víctimas, entre ellas menores de edad.

Un par de casos: el 25 de enero, una pequeña de 5 años fue agredida por el ‘Diablo’ en San Cristóbal. El hombre está tras la rejas esperando a que llegue el juicio. Días más tarde, este mismo medio contó la historia de una niña de 14 años en condición de discapacidad, quien estaría esperando un hijo de su padrastro, producto de una violación.

“La persona que abusa lo hace de alguien que está en condiciones de inferioridad, ya sea física o psicológicamente. Ejerce poder, la manipula, la coacciona y maneja la situación”, explicó José Manuel Calvo, director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Nacional. Aunque las estadísticas muestran que estos hechos van a la baja, al menos desde hace tres años ante la Policía y el Instituto de Medicina Legal –las víctimas también pueden ser atendidas en Fiscalía e ICBF– la lectura al respecto es ambigua.

Solo entre el 2011 y el 2013, el instituto practicó en el país 84.984 exámenes para determinar si la persona había sido víctima de abuso, de los cuales 15.863 se hicieron en Bogotá, con su pico más alto en el 2011.
Esto puede interpretarse como sinónimo de menos agresión, mientras que, por otro lado, como símbolo de mayor impunidad. “El fenómeno no se ha podido medir con exactitud. Sí han disminuido, pero hay un gran subregistro.
La reducción muy seguramente se debe a que en los sitios donde más se denuncia hay un poco más de control, que son las zonas urbanas. También se ha hecho un trabajo de violencia intrafamiliar”, explicó Carlos Eduardo Valdés, director de Medicina Legal.
Con un panorama similar se ha encontrado el grupo élite de delito sexual ( Sijín de la Policía Metropolitana). En sus reportes reposan un total de 893 denuncias por agresiones de este tipo en el 2013, y 667 en el 2014. De ellas, 352 y 282, respectivamente, han sido cometidas por extraños.
“En los casos de agresores desconocidos hay una disminución importante, pero cuando hablamos de agresores conocidos, como sus familiares, ese dato va en aumento”, puntualizó el coronel Javier Barrera, jefe de la seccional de investigación.
De los 103 casos que se han reportado este año, 65 ocurrieron dentro de casas (63 por ciento) lo que es un fuerte indicativo de que fueron cometidos por personas cercanas.
Además, hasta finales del 2014, solo por delitos sexuales (como pornografía infantil, acceso carnal, tocamientos, entre otros) permanecían 14.725 personas con condenas en las cárceles del país, según el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec).
¿Castigo suficiente?
Varias de las víctimas coinciden en que no. Tras las violaciones, ellas sufren un cambio brusco en su personalidad, en el trabajo y en sus relaciones sociales.

Una pena entre 8 y 20 años –en caso de que haya sido contra un menor de edad no tiene rebaja– puede devolverles la tranquilidad. Pero no borrar lo que pasó. “En la adultez pueden desarrollar estrés postraumático –dijo José Manuel Calvo– volver a orinarse en la cama o tenertrastornos de personalidad”.


‘Eran solo unas niñas de 16 añitos’
Me llamó uno de mis cinco hijos: ‘mamá, la cogieron en el potrero’. Todos corrimos para recoger a la niña. Al llegar al colegio, en Bosa, la tenían en un salón. Hasta la Policía había llegado. Ese 28 de abril del 2013, cuando ella salió a prestar su servicio social con otra estudiante, un tipo las abordó. No eran más de las 7:30 a. m., tomaron por un potrero para hacer el camino más corto, y eso les salió caro. Tenían 16 años.

El tipo cogió un cuchillo y se las llevó al lado del río Tunjuelo. Mientras amenazaba a una con la navaja, abusó de la otra. Les rompió la ropa. Todo pasó en 15 minutos. Cuando la vi así, le dije que le diéramos gracias a Dios porque estaba viva, que esto no nos iba a derrumbar. Pero se siente una impotencia tan brava. Ella es una valiente.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN

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